miércoles, 11 de enero de 2012

La venganza de "GAIA"

Puede ser por el inicio del "temible" año 2012, y todo el cuento de los Mayas, el que me haya puesto algo más curioso, o influenciable con el tema pero, no deja de llamarme la atención algunas cosas de las que hemos sido testigos en los últimos 2 años.

Todas ellas implican, de alguna u otra forma, una participación de la madre naturaleza (o Pachamama como era amablemente llamada por los pueblos originarios andinos). Comenzando con el mega-terremoto y tsunami del año 2010; pasando por el famoso, y prostituido, tema de los mineros, las erupciones de los volcanes Chaitén y Puyehue, y finalmente, los más de 80 focos de incendios forestales en todo el centro-sur de Chile, que si bien muchos han tenido una cuota de intencionalidad, no deja de ser preocupante el número y la magnitud de estos.

Todo estos sucesos naturales - y no tanto - son la pólvora que enciende a los más fundamentalistas en la hipótesis de Gaia. Ramón Tamames, en su libro El Grito de la Tierra, explica de excelente forma esta hipótesis planteada por James Lovelock a principios de los 80. La hipótesis de Gaia (por la diosa Tierra de los griegos, Gea para los romanos) ofrece una idea metodológicamente muy provechosa: el planeta tiene un sistema propio de regulación en su funcionamiento para mantenerse y preservarse pero, que puede verse afectado por la contundente acción antrópica (i.e. por acción del hombre). Esta fuerte intervención del ser humano en los sistemas ecológicos provocaría que en su momento, Gaia, debido a los constantes ataques que recibe de nuestra parte, ejecutaría su venganza para deshacerse de una especie depredadora que se ha salido de los límites de lo razonable dentro de la organización del planeta (James Lovelock en “La venganza de Gaia, 2006).

Ante esto, creo que la pregunta que deberíamos hacernos es obvia: ¿Tiene razones Gaia para estar tan enfurecida con nosotros, y quizás particularmente con los chilenos?, y la respuesta me parece que salta a la vista. En Chile, en los últimos dos años de gobierno de Don Sebastián Piñera, se han aprobado controversiales y discutidos proyectos que afectan enormemente la estabilidad de los frágiles ecosistemas de nuestro país. Partiendo con el tema de Hidroaysen, y sus enormes efectos en la pérdida de biodiversidad de ecosistemas (y sus importantes funciones) no solo en términos de inundaciones, sino que también en el enorme trazado eléctrico desde la región homónima hasta las centrales termoeléctricas del norte del país; La termoeléctrica de Pichidegua, que provocaría efectos perjudiciales en los cultivos campesinos de la Región de O’Higgins; El desmembramiento de las dunas de Con-Con, un importante y frágil ecosistema que día a día desaparece en todo el mundo, y en donde las iniciativas conservacionistas a nivel mundial apuestan a su preservación; La mina de carbón de Isla Riesco, que con su enorme cicatriz manchara una de las zonas más prístinas de nuestro país (y del mundo), y en donde las emisiones de la combustión del carbón afectarán a los habitantes del norte grande gracias a las termoeléctricas que alimentan de energía las enormes mineras de cobre, de carácter privado.

Finalmente, y quizás uno de los pocos temas en donde aún hay tiempo para reaccionar, la apertura a la caza de Lobos marinos bajo la excusa de que su “sobrepoblación” perjudica las cuotas de captura de la pesca. Un recurso que claramente va en disminución a nivel mundial, y del cual Chile ha sido un cruel participe autorizando el ingreso de flotas extranjeras a aguas territoriales.
Claramente Chile, contraviniendo una serie de tratados internacionales en lo referido a disminución emisiones de carbono (i.e. Kyoto), y lejos de apoyar el desarrollo sostenible (i.e. Cumbre de Río) por sobre la explotación indiscriminada de recursos, ha sido un pésimo alumno. Yendo cuál salmón – libre y no de acuicultura como otro gran problema ambiental – contra la corriente en todo sentido.
Mucho nos hemos jactado de nuestra “creciente y pujante” economía, mucho nos hemos vendido como el “mejor alumno de América latina” pero, que poco nos hemos preocupado de que nuestro “pseudo-desarrollo” sea equitativo, limpio, y realmente sostenible.

Hoy en día nos preocupa más lo que le respondió la modelo “X” al futbolista “Y”, y poco nos interesa saber cómo nuestras autoridades, desde 1973 a la fecha y sin interrupciones, nos han metido el dedo en la boca.

Nos preocupa más aparentar el éxito, que realmente lograrlo.

Como bien plantea Carl Sagan en su libro “Un punto azul pálido”, han pasado más de 4 siglos, y aún creemos que somos el centro del universo. A pesar de las enormes demostraciones de que nuestra raza…nuestra pequeña e insignificante raza…no es más que un ácaro de una partícula de polvo en el Universo…aún creemos que todo lo que nos rodea está hecho para nuestro antojo. Aún no entendemos que somos parte del ecosistema, y no los dueños. Que somos nosotros quienes debemos adaptarnos, y no modificarlo a nuestra conveniencia.
Solo es de esperar, que Gaia, Gea, Pachamama, o como quiera que se llame, no siga vengándose, y para eso es fundamental que nosotros comencemos a cambiar de actitud.

Y con el calendario Maya?????...pues…..simplemente se les acabo la piedra en donde lo estaban tallando.

Si tiene alguna duda, o sugerencia...no dudes en hacerla llegar.