domingo, 4 de diciembre de 2011

El Problema de los Bienes Comunales

En estos últimos meses hemos visto como muchos estudiantes chilenos, e indignados a nivel mundial, han usado como escudo de batalla la existencia de nuestra Constitución Política y la Declaración Universal de Derechos Humanos para justificar sus diferentes (y por lo demás razonables y justas) necesidades.

Me gustaría dar otro punto de vista, y una mirada mas "verde" a este fenómeno. Muchos desconocen que el Artículo 19 del Capítulo III de nuestra Constitución Política (1) (basada en dicha Declaración), habla sobre los derechos y deberes constitucionales, señala en el inciso 8 que:
"La constitución asegura a todas las personas el derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación. Es deber del Estado velar para que este derecho no sea afectado y tutelar la preservación de la naturaleza".
Ciertamente esto significa que tenemos la facultad de exigir al Estado la necesidad de que sus diferentes políticas estén en relación a este importante artículo muchas veces olvidado, o desconocido.

Si bien estoy de acuerdo en exigir nuestros derechos, poco hablamos de nuestros deberes y responsabilidades. Sí, deberes y responsabilidades...constantemente vivimos exigiendo pero, poco nos acordamos que también nosotros tenemos obligaciones. Probablemente debido a un egoísmo fundamentado en una sociedad competitiva, y mas preocupada del éxito individual por sobre el bien comunitario.

Nos preocupa más ser reconocidos dentro de nuestro círculo social, que ser entes útiles a nuestra sociedad. En este sentido, cuando analizamos los problemas relacionados a la Conservación de la naturaleza existe un problema que se ha denominado como "La tragedia de los bienes comunes", que puede explicarse de mejor manera bajo el ejemplo de G. Hardin (1968):
"En un pastizal común, cada pastor intentará entrar tanto ganado como le sea posible. Así, llegará un día que actuando todos con esa mentalidad, la lógica inherente a los recursos llevará sin lugar a dudas a la tragedia de degradación de los pastos". (1 y 2)
En una mayor escala, y en conceptos mas realistas, esta tragedia es evidente en los mares y océanos cuyas aguas internacionales (sobre las 200 millas náuticas de Zona Económica Exclusiva) se consideran como propiedad común de quienes hacen uso de ese vasto territorio. Ante esta situación, en que "todo es de todos pero, al mismo de tiempo no es de nadie" las malas artes pesqueras explotan los recursos de forma indiscriminada afectando gravemente a todos quienes hacen uso del recurso. Otro claro ejemplo de ello es la manutención y el cuidado de parques y jardines en áreas urbanas. Reclamamos cuando el parque esta sucio, con las bancas rotas, con rayados sin embargo, todos botamos papeles, usamos las bancas para saltar, o incluso las rayamos. 

Podemos comenzar a citar innumerables ejemplo de como la tragedia de los comunes, se hace habitual dentro de nuestro diario vivir. Debemos asumir que el hecho que sean bienes de uso público no quiere decir que sean gratuitos. Si bien no se cobra por su utilización, existe un costo en su manutención que es asumido por el gobierno a través impuestos. Por lo tanto, el concepto de que "todo es de todos pero, al mismo de tiempo no es de nadie" se modifica por "todo es de todos, y todos debemos cuidarlo"

Pero el tema va mucho mas allá, involucra la necesidad de que comencemos a responsabilizarnos por nuestros actos, a dejar de culpar al resto por nuestros errores, a dejar de criticar con ánimos de destruir, a dejar de mirar el vaso medio vacío y echarle la culpa al resto por nuestros fallos.

Mucho hablamos de la declaración de derechos humanos, pero poco escuchamos de la Declaración de Responsabilidades y deberes Humanos, que señala en sus artículos 3 y 9 que tenemos:

Art. 3. El deber y la responsabilidad de la protección de la vida y a lograr la supervivencia tanto de las generaciones actuales como de las futuras.

Art. 9. La obligación y la responsabilidad de proteger y promover un medio ambiente seguro, estable y sano.

Esto sólo se logra venciendo nuestro orgullo (que a todos nos cuesta), asumir responsabilidades y comenzar a corregir nuestros errores. Asumiendo que tenemos la obligación ética con nuestros descendientes...¿Qué le diremos a nuestros hijos y nietos cuando nos pregunten por qué actuábamos de manera tan irracional?. 

Quizás mejorando este aspecto de nuestra sociedad logremos la justicia social tan deseada por estos días.

¿No sería más agradable ser campeones mundiales de fútbol, qué tener que escuchar como cada vez se culpa a la cancha, a la pelota, o incluso ver a futbolistas criticando al técnico por ser expulsados por llegar borrachos a la concentración?.

Lo cierto es que por lo menos a través de este blog se intenta cumplir con el Cap. 3., Art. 12.: "El deber y la responsabilidad de promover un desarrollo científico y tecnológico seguro, responsable y equitativo".

Les dejo la inquietud.

(1) Constitución Política de la República de Chile. Año 2009.
(2) Tamames, R. 2010. El grito de la Tierra. Biosfera y cambio climático. Editorial RBA.
(3) Labandeira, X., C. León & M. Vázquez. Economía Ambiental. Editorial Pearson-Prentice Hall.