jueves, 8 de septiembre de 2011

¿Por qué debemos conservar la naturaleza?

      En los últimos meses, en Punta Arenas, hubo muchas noticias que me han llamado la atención. La primera, fue el varado de una loba de mar a orillas de la ciudad; la segunda, la muerte de cachorros de lobos marinos muertos y enterrados ilegalmente; y la tercera, la muerte de un puma en una población. Estas noticias han causado gran relevancia mediática ya que se trata de especies carismáticas, de las cuales sentimos, de alguna forma u otra, responsabilidad en protegerlas.

       En esta respuesta mediática, y casi romántica, de la defensa de dos especies no deja de llamar la atención una cosa, y que es perfectamente válido su cuestionamiento; ¿Por qué debemos (o sentimos que hay que hacerlo) conservar la naturaleza? Para responder esta pregunta primero debemos adoptar una de las tantas definiciones de conservación. La definición más ampliamente aceptada - pero no por eso menos controvertida - es la otorgada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN): "la protección, cuidado, manejo y mantención de los ecosistemas, hábitats, especies y poblaciones entre o fuera de sus ambientes naturales, con el fin de salvaguardar las condiciones naturales a lo largo del tiempo".

Estas metas (protección, cuidado, manejo y mantención) sólo se logran a partir de una adecuada gestión de los ecosistemas, y lo cierto es que actualmente la gestión de espacios naturales a nivel mundial ha sido deficiente. La pérdida de biodiversidad ha sido constante en los últimos años principalmente debido a la pérdida y degradación de hábitats, cambio climático, contaminación, sobrexplotación y expansión de especies invasoras (Fraschetti et al. 2008; Bishop et al. 2010; WWF 2010). El problema de la mala gestión de los espacios naturales, y particularmente aquellos asociados a ambientes costeros, resulta perjudicial para el ser humano debido a la estrecha relación de dependencia entre éste (y sus distintos componentes) y la integridad ecológica de los ecosistemas (González et al. 2008).

Los seres humanos nos beneficiamos de los ecosistemas obteniendo determinados servicios. El término “Servicios ecosistémicos” es definido como: “los beneficios de la población humana derivados, directa e indirectamente, de las funciones ecosistémicas”. Así mismo, “Función ecosistémica” se considera como “la capacidad de los procesos naturales, y sus componentes, para proveer servicios que satisfagan las necesidades humanas, directa o indirectamente” (Constanza et al. 1987; de Groot et al. 2002; Beaumont et al. 2007).

Robert Constanza, y sus colaboradores (1987) recalcan que estas funciones y servicios no necesariamente poseen una relación uno a uno. En algunos casos un solo servicio ecosistémico es el producto de una o más funciones ecosistémicas, o solo una función genera varios servicios.

Dicho esto, resulta evidente que los servicios ecosistémicos que se ofrecen a la población resultan ser muy relevantes, y por lo tanto es posible otorgarles valores (Giro 2008):

Valores estéticos
Relacionados con la belleza inherente y la apreciación artística. Es difícil de medir o comparar debido a su subjetividad. Sin embargo, se generaliza con el disfrute o sentimiento de bienestar de la población por observar determinadas especies y permanecer en determinados lugares.

Valores ecológicos
Los sistemas naturales tienen un papel clave en el funcionamiento de la biosfera donde muchas especies (vegetales y animales) son determinantes en este proceso. El ser humano como parte de esta biosfera, es influenciado por los cambios que en ella ocurren.

Valores recreativos
Actividades deportivas y de ocio que se desarrollan en la naturaleza. Algunas suponen un consumo como la caza, pesca o recolección de frutos silvestres. Otras son no consuntivas, como la fotografía, y la observación de flora y fauna.

Valores educativos y científicos
Todo lo que tenga utilidad para la enseñanza y la investigación científica en distintos niveles educativos y de amplia difusión pública.

Valores utilitarios y/o prácticos
Modificaciones genéticas para mejoras de producción, o la utilización para fines prácticos; como medios de transporte, investigación científica con fines médicos, medicinas, etc.

Valores Comerciales
Quizás los más importantes y al mismo tiempo los que más conflictos generan. Son aquellos en que la flora y la fauna proveen ingresos económicos directos. Se refiere a los productos de pesca, construcción, minería, cultivos, etc. Son los más fáciles de expresar en términos monetarios.

La discusión actual en el mundo científico es sobre la ética de expresar estos valores en términos monetarios para que sean incluidos dentro del mercado. Sin embargo la ética (así mismo como la escala de valoración humana) es relativa; Lo que puede ser bueno para usted puede ser malo para mí, y viceversa. A modo de ejemplo: Todos sabemos que un asesinato es malo. Pero en el caso del puma en la población; se le dio muerte porque no respondía a los anestésicos y podía ser un riesgo para la población humana (a opinión del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG)). Para algunos entonces es correcto matar al animal mientras que para otros (entre los que me incluyo) no lo es.

Independientemente de estar de acuerdo, o no, sobre expresar los valores de los ecosistemas en términos monetarios, el punto es que existen funciones y servicios de los ecosistemas a los cuales nosotros otorgamos distintos tipos de valores que son transversales a todos nosotros, y que nos permite encontrar una excelente justificación a por qué debemos, y sentimos que debemos, conservar la naturaleza.

Pd: Si no tienes acceso a las fuentes de información, puedes escribirme un mail para que te las envíe.

Biólogo Marino - Ms. (C) en Ciencias marinas: gestión del medio marino.

Twitter: @jfpizarrom

Fuentes de Información:
Beaumont, N., M. Austen, S. Mangi & M. Townsend. 2008. Economic valuation for the Conservation of marine biodiversity. Marine Pollution Bulletin 56: 386-396.
Bishop, J., N. Bertrand, W. Evison, S. Gilbert, A. Grigg, L. Hwang, M. Kallesoe, A. Vakrou, C. Van der Luht & F. Vorhies. 2010. L’economia dels ecosistemes i la biodiversitat. Revista Medi ambient, tecnología i cultura 47: 90-97.
Constanza, R., R. d’Arge, R. de Groot, S. Farber, M. Grasso, B. Hannon, K. Limburg, S. Naeem, R. O’neil, J. Paruelo, R. Raskin, P. Sutton & M. van den Belt. 1987. The value of the World’s Ecosystem Services and Natural Capital. Nature 387: 253-260.
De Groot, R., M. Wilson & R. Boumans. 2002. A typology for the classification, description and valuation of ecosystem functions, godos and services. Ecological Economics 41: 393-408.
De Groot, R. 2006. Function-analysis and valuation as a tool to assess land uses conflicts in planning for sustainable, multi-functional landscapes. Lanscape and urban Planning 75: 175-186.
Fraschetti, S., A. Terlizzi & F. Boero. 2008. How many habitats are there in the sea (and where)?. Journal of Experimental Marine Biology and Ecology 366: 109-115.
Giró, F. 2008. Evolució del concepte de conservació. Revista de medi ambient, tecnología i cultura 42: 65-71.
González, J.A., C. Montes, I. Santos & C. Monedero. 2008. Invirtiendo en capital natural: un marco para integrar la sostenibilidad ambiental en las políticas de cooperación. Ecosistemas 17: 52-69.
World Wildlife Found (WWF). 2010. Living Planet. Report 2010. 57 pp.